sábado, 11 de agosto de 2018

Desnudando el alma



Y derepente, todo lo que antes parecía divertido se vuelve intrascendente. Y te das cuenta de que lo que llamabas "cool" no era más que vacío.

Que las personas que en algún momento formaron parte de tu vida ni siquiera te conocieron, y que te rodeaste de gente insustancial mientras buscabas desesperadamente encajar en un mundo que para nada te llenaba. 

Que buscaste complacer a todos menos a ti mismo, y que tu mayor virtud era falsear tu sonrisa al mundo fingiendo seguridad, cuando en el fondo sólo sentías una gran soledad que te esforzabas a diario por camuflar.

Te das cuenta de que viviste una mentira tan bien interpretada que hasta tú mismo la diste por sentada. Gritabas al mundo libertad cuando en lo más profundo de tu corazón sólo había esclavitud. 

Y así pasaron los años, representando el papel a la perfección hasta que tu corazón no pudo callar más y tu cuerpo gritó lo que nunca antes se atrevió a expresar. El sufrimiento se hizo evidente, la enfermedad afloró por los poros, la transformación había empezado a abrirse paso.

Y algo cambió dentro de ti, una nueva semilla se sembró en tu mente sin que te dieras cuenta y empezó a dar sus frutos. No tienes ni idea de cuándo ni cómo, pero ahora puedes sentir la diferencia. El dolor fue tu maestro. Sabes que la vida es efímera... Tantos errores cometidos, tanta vida desperdiciada.

Ahora ves con otros ojos, sientes con un corazón abierto, vives en verdadera libertad, no te importa encajar y te vale poco el qué dirán. Buscas amistades con sentido, disfrutas de pequeños momentos, aprecias una conversación profunda, cultivas tu mente, valoras tu cuerpo. 

Pero te sigues cruzando de ves en cuando con la misma gente, aquella que alguna vez fuera tan parecida a ti y ahora la ves tan diferente. Y los sigues saludando desde lejos sabiendo que en el fondo te has transformado en otra persona, no encuentras similitudes que ahora los unan. 

Y ellos piensan que te conocen, continúan rememorando alegremente historias que nada tienen que ver con tu presente. 
Que extraña resulta esta vida, "Cuanto más me conozco menos los reconozco", piensas.

Todo está en constante cambio, nada nos pertenece, no eres quien fuiste hace un año atrás, y estoy segura que el próximo año tampoco serás lo que eres ahora. Evolucionamos en el mejor de los casos e involucionamos en peor de los mismos. Todo es posible, nada está dicho.  El mundo no para. Y tú ni yo tampoco. 

martes, 7 de agosto de 2018

Carta de la ansiedad para mí...


Hola Pat, soy la ansiedad, esa que habita en ti desde que eres una adolescente. Quizás no recuerdas nuestro primer encuentro pero yo sí lo tengo muy grabado. Soy aquella que hace que te obsesiones con ciertas cosas, y que intentas en vano controlar.

Soy esa que te visita algunas madrugadas y te tiene durante horas dándole vueltas a determinados pensamientos sin poder dormir, esa que ni las pastillas de melatonina pudieron desaparecer. La misma que decide cuando dejarte y cuando atraparte.

Soy la que aparece cuando menos te lo esperas y te hace sentir que algo puede andar mal en tu cabeza. Soy esa que llega para apoderarse de tu mente y de tu cuerpo. Soy la que te invade por completo y te paraliza.

Pero hoy, vengo a recordarte algo que ahora tú ya sabes. Soy también la que llegó para enseñarte, para mostrate que todo cambio es posible. Soy esa que te empujó desesperadamente a hacer ejercicios mientras buscabas la calma, y que te mostró una nueva forma de vida más feliz y menos destructiva.

Soy esa que ahora te lleva por los caminos de la meditación, y que te enseñó a disfrutar de la soledad de la cual antes huías. Soy esa que te despierta y te obliga a moverte. Soy la que te transformó en la persona que eres ahora, una mejor versión de ti misma.

Soy la que continúa enseñándote. A soltar, a dejar de intentar controlar, a tomarte la vida con más calma y a entender que la perfección no existe. Por eso, mi querida amiga, ¡Bendice tus debilidades porque ellas te llevarán a tus fortalezas!

miércoles, 4 de julio de 2018

Invierno enséñame a quererte



Cuesta salir de la cama a las 6:00 AM cuando suena el despertador y abandonar esa temperatura agradable que te brindan las sábanas, el edredón y la colchita polar.
Cuesta despegarte del cálido pijama también de polar y salir al frío para irte a entrenar.

Cuesta conducir una moto sobre pistas húmedas por la garúa nocturna.
Cuesta llegar al trabajo y sentarte frente a un computador con las manos heladas.
Cuesta no poder ver el sol atravesar las ventanas durante varios meses porque estoy en Lima, la gris.
Cuesta el invierno, me cuesta sobretodo a mi que soy un alma que disfruta de sobremanera el verano. 

Sin embargo, aquí estamos, estrenando botas y chaquetas sacadas desde el fondo del armario, añadiendo al atuendo chalinas y guantes; sí guantes para conducir mi moto y no congelarme los dedos. Y preguntándome además, en qué momento mi cuerpo se habituará al frío, si es que podemos llamarle realmente "frío" a este clima comparado con otros países. A veces pienso que mi cerebro se paralizaría en climas con menos grados, pero por suerte estamos en Lima.

Vaya, dentro de todo, encuentro la fortuna en medio del caos. No estoy absolutamente perdida, mi mente aún identifica cosas buenas entre tanta niebla, el invierno no ha mellado por completo mi espíritu, ahí en el fondo aún resplandece la luz. ¡Eureka, tengo salvación!

Y es que no estoy exagerando, el invierno opaca mi alma, es como si una nube se posara en mi cabeza y me siguiera para todos lados. Sufro, el frío me paraliza, la rutina diaria se me hace difícil. ¿Será algo fisiológico?, ¿Será cuestión de doshas? O ¿Será algo en mi cerebro? Espero sinceramente que no sea lo último, creo estar un poco loca pero nunca tanto como para convertirme en un caso clínico.



Para mí, el invierno se hizo para dormir hasta tarde y estar en pijama todo el día. Para poder disfrutar de una taza de chocolate caliente al lado de alguien especial y estar arropados en el sofá de la sala usando unas medias tan gruesas que solo te entren las pantuflas. Para que te levante por la mañana el aroma de un café caliente y no la alarma del despertador estridente. El invierno se hizo para dar y recibir muchos mimos y abrazos, y acurrucarse en cucharita... ¡Oh crudo invierno ten piedad de los solteros!

He investigado acerca de una técnica de respiración y meditación que te proporciona mucha paz y estabilidad, tan necesarias en este clima de mierda. Intentaré meditando como último recurso; y es que todo eso de la meditación se me hace bastante difícil, sobretodo con mi carácter ansioso y mis pensamientos que no callan. Pero he leído en miles de páginas, que sólo 5 minutos diarios de meditación podría hacer una diferencia en mi vida y en la de cualquier ser humano. Esa diferencia es la que necesito ahora que se me congela la mente, el cuerpo y el alma.

Ya escribiré que tal me va, si es que logré meditar o me dormí en el intento, si pude habituarme al frío u opté por salidas más desesperadas planeando alguna futura escapada a un lugar más cálido. Aunque sinceramente me gustaría escribir que lo logré, o que estoy en camino de lograrlo. A nadie le gusta vivir escapando y mucho menos a mi. 

Ahí les dejo buenas vibras y energías positivas para lo que resta del invierno.



lunes, 5 de marzo de 2018

Transitando por los rincones de mi alocada mente...




Hoy mientras me daba un respiro al final del día, abrí mi Pinterest y la primera frase que llamó mi atención entre tantos pines que aparecen en mi cuenta fue: "La fuerza de voluntad es un músculo que se debe ejercitar, al igual que los músculos del cuerpo". Y lo primero que se me vino a la mente fue que yo tendría que entrenarla con mucha más dedicación que el resto del común denominador dada la poca capacidad que tengo para cumplir con ciertos objetivos. Me dio hasta cierta pereza el simple hecho de solo pensar en un plan de acción para cumplir algo que ni siquiera tengo claro en mi mente. Y así es como aparece mi primer punto en contra dando vueltas en mi cabeza (-1).

Por otro lado, otra vocecita que asumo es el lado positivo de mi subconsciente, me recordó que cuando algo realmente me interesa puedo ser una persona muy vehemente y hasta en cierto punto llegar a rozar con la obsesión. Aquí pues, me encuentro sumando el punto que me había quitado antes (+1) y cierta sensación de orgullo me invade, felicidad y calma que por supuesto no dura mucho.

Unos minutos después, otra idea ronda por mi cabeza, y no sé ni cómo, termino concluyendo que siempre estoy rozando los extremos de todo y no encuentro el punto medio de la vida, entonces por ende soy un tanto extremista. Y en ese preciso instante me tienes restándome otro punto en contra (-1 nuevamente).

Luego de una reflexión un poco más profunda, 10 minutos después, me di cuenta una vez más de que soy demasiado exigente conmigo misma, y a veces no me doy la oportunidad de fluir de manera natural, y hasta me estoy encasillando dentro del término "extremista" cuando en realidad no estoy ni remotamente segura de que lo sea. Entonces sonrío y agrego el punto a mi favor nuevamente (+1).

Victoria fugaz, ya que en menos de 10 segundos, aparece otra vez esa voz que me dice que suelo aburrirme rápidamente de las cosas... Y me encuentro de nuevo restando otro punto (-1).
Pero, ¡Qué carajos! Cada vez que encuentro algo positivo, hay otro aspecto negativo que se asoma. ¿Acaso mi cerebro no se puede quedar con lo bueno? A estas alturas ya estoy riéndome de mi misma por la cantidad de pensamientos disparatados que pasan por mi cabeza.

Y así, he pasado de sumarme puntos a restármelos, y viceversa, todo en un lapso de 20 minutos en los que me he permitido ser un poco más consciente e intentar entenderme. No quiero ni imaginar cómo diablos divaga mi mente durante el resto del día que ando en automático sin ser juiciosa de las afirmaciones que me hago a mi misma, quizás y ande lanzándome todo tipo de mensajes anuladores sin darme cuenta. Dicen por ahí que el mayor enemigo es nuestra propia mente, pues he notado que esa frase tiene mucho de real, al menos en mi caso. 

Así que hoy he decidido plasmar mi pelea interna en palabras que luego pueda leer para recordar, interiorizar y asimilar. "La fuerza de voluntad es un músculo que se debe ejercitar...", pues bien aquí vamos, durante la semana me voy a esforzar en desechar la mayoría de pensamientos negativos que me cataloguen dentro de algún pseudo-concepto que a mi parte negativa se le antoje inventarme. 

Empieza mi entrenamiento... Te reto a hacer lo mismo, solo presta un poco más de atención a tus pensamientos, sobretodo a esos que te invalidan y te llenan de inseguridades inexistentes, y cámbialos por aquellos que te ayuden, que te llenen de energía y te muestren tu verdadero yo, ese que es perfecto para ti y que solo necesitas dejarlo fluir.

sábado, 4 de noviembre de 2017

A veces...


A veces se me da por escribir, creo que en cierto modo es un medio para desahogarme, para que los pensamientos no mueran en mi cabeza, no se atraganten en mitad de mi garganta y finalmente salgan para convertirse en historias.

A veces se me da por hablar sola, inventar anécdotas mucho más entretenidas que la realidad misma, jugar con el doble sentido y permitirme salir un poco del libreto de vez en cuando, ¡Qué importa si en ocasiones me tildas de "loca"!

A veces se me da por bailar, en el baño, en mi cuarto, en la cocina y hasta en la calle, en donde me provoque. Siento que mi alma disfruta el dejarse llevar, se libera y, ¿Quién soy yo para privarla del goce que la danza produce?

A veces se me da por viajar, escapar de la rutina y descubrir todo por primera vez como lo hacen los niños, despertar en un lugar nuevo y olvidarme de los "tengo que hacer esto u otro" de siempre. Sentir que camino por el mundo a mi antojo, libre y sin presiones, enfocándome en esos pequeños detalles que hacen maravillosa la vida.

A veces se me da por la contradicción, adoro la adrenalina que produce el saltar desde 400 pies de altura hacia el vacío sujetada tan solo por una cuerda y al mismo tiempo necesito de la tranquilidad de un bello atardecer en la playa. Me fascina el esfuerzo físico de una dura rutina de entrenamiento y a la vez me seduce la serenidad de una clase de yoga. Me encanta desvelarme bailando hasta el amanecer y también adoro dormir temprano sin tener más que hacer.

A veces se me da por experimentar, por hacer cosas nuevas solo por el hecho de probar, puedo pintar algunos cuadros sintiéndome un tanto inútil y aún así, nunca dejo de intentar. Y si te digo que actúo tampoco lo creerías, y si te digo que canto, quizás no me quieras ni escuchar, y sabes, ¡Haces bien! Y es que nadie dijo que tenía que hacerlo perfecto, ¿O si? Mi idea de vida es simplemente disfrutar, que ya bastante exigente es el mundo con todos para dejarme arrastrar.

Y casi siempre se me da por engreírme, un café de fondo y unas barras de dulce, una copa de vino y la música que me provoque, un día entero marmoteando en la cama sin preocuparme de nada, una maratón de Netflix de esas que te dejan con los ojos reventados y el cerebro atiborrado, un antojo satisfecho es un regalo que no tiene precio.

La vida es demasiado corta para dejar las cosas sin hacer, para cumplir absurdas reglas que no te hacen feliz, la vida es demasiado corta para postergar planes, sacrificar sonrisas y quedarse con las ganas.

Y ya se me van agotando los miedos, a veces suelo mirar hacia atrás y me observo en aquella época con la cabeza llena de ideas que no me pertenecían, intentando satisfacer a todos menos a mi misma, dejando escapar la vida, mi vida. Ya no tengo miedo de mostrar mis sentimientos, me río de mi misma, me vale madre hacer el ridículo si me place, lloro cuando las lágrimas me brotan y me re-descubro todos los días, porque la vida es demasiado corta y cuando menos te lo esperas, te encuentras mirando hacia atrás anhelando haber hecho cosas que ahora no puedes, o no tienes tiempo, o simplemente ya es demasiado tarde.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Encuentro de dos almas...



El recuerdo es difuso pero la sensación que me queda es intensa. Soñé contigo, o quizás nuestras energías se juntaron, se llamaron, se buscaron, por así decirlo. Mi rostro descansaba sobre tu pecho y mis manos acariciaban tu piel lentamente recorriendo cada centímetro de tu ser. Al principio, todo era tan vívido, como si todas las sensaciones explosionaran inundándome por completo, sentía los latidos de tu corazón, el calor de tu cuerpo junto al mío, lo sublime de tus caricias, la suavidad del roce de nuestros labios; y de pronto, mi mente advirtió que se trataba de algo mucho más profundo de lo habitual, las emociones eran diferentes, como una especie de ensoñación de la cual no quería despertar.
Si tu cuerpo no era el que me estaba regalando todas esas sublimes sensaciones entonces se trataba de una experiencia distinta, era mi alma la que estaba despierta y la tuya a mi lado. Te sentí, como si estuvieras aquí, fue tan real y a la vez tan astral. Me sentías también. Eras tú, pero eras más que tú. Era tu cuerpo, tus labios, tu piel, tu espíritu, tu energía… Tú, todo completo. Sonreías como siempre que te cuento algo gracioso, hablabas a mi oído buscando intimidad. Tu calidez me tenía atada a ti. No quería que acabara, no quería despertar. Sensación de gozo. Sensación de paz. Sensación dual.

Finalmente, mi mente mal acostumbrada me traicionó, y en lugar de disfrutar quiso perennizar, en vez de sentir quiso poseer, aferrarse al momento para controlarlo y fue ahí cuando pasé de la deliciosa escena que estaba experimentando a un repentino desvanecimiento que me trajo de vuelta a la realidad. Solo al cerrar los ojos puedo traer de vuelta los recuerdos que aún quedan como huellas en mi piel.
Han pasado varios días y la sensación es la misma, es lo que yo llamo el encuentro de dos almas y la intromisión de una mente, que ha despertado y quiere cambiar.

jueves, 10 de agosto de 2017

La fuente de la miseria humana...

Este es un extracto sacado del libro "Conversaciones" de Richard Bandler y Owen Fitzpatrick. Conlleva a una profunda reflexión, vale la pena leerlo...



Fue una de las más grandes tragedias que se hayan visto. Ellos fueron encarcelados por un crimen que no cometieron. Sus captores no revelaron cuál era el supuesto crimen, pero de cualquier modo los mantenían presos. Les eran cubiertas sus necesidades básicas, pero sus vidas eran un infierno. Casi todos los momentos de cada día eran atormentados y maltratados. Eran insultados constantemente y se les decía que eran unos buenos para nada. Estaban llenos de preocupaciones y de miedos acerca de cualquier cosa y de todo. Eran victimizados y se les daban tantos mensajes cruzados que se volvieron inseguros de quienes eran y de lo que podían lograr.

A algunos de ellos se les aislaba de los demás, mientras a otros se les mantenía en mala compañía, con aquellos quienes constantemente los presionaban. Algunos querían morir. Algunos se mantenían luchando con la vida. Todos eran mantenidos en algún grado de cautiverio. 

Eran constantemente criticados acerca de lo que hacían. Se les hacía sentir pésimo cada vez que cometían una equivocación. Se les mantenía alejados de todo lo que habían querido siempre. Su decepción y desesperanza crecía día a día. Ellos se autocompadecían y lanzaban su frustración unos a otros. Mientras tanto, sus captores empeoraban las cosas y los prisioneros sólo se preguntaban si esto terminaría alguna vez. Estaban sobrecargados por todo lo que eran forzados a hacer. Sufrían y estaban desamparados.

Se les concedían momentos de “libertad”, pero no era libertad realmente. Muy dentro de ellos, sabían que tendrían que soportar el dolor que pronto sus captores les infligirían nuevamente, y el alivio temporal no significaba nada. Ellos sufrían la mayor parte del tiempo. Su salud decaía por el maltrato. Muchos de ellos no podían ni dormir. Sus vidas estaban privadas del significado que alguna vez habían tenido. Caminaban deprimidos, ansiosos, temerosos y frustrados de todo. Anhelaban libertad.

Así que, ¿quiénes eran ellos? ¿Quiénes eran sus captores? “Ellos”eran la raza humana, y sus captores eran sus mentes. Desde tu nacimiento, has aprendido maneras habituales de pensar, sentir y comportarte. Muchos de estos hábitos te aprisionan en la infelicidad, la soledad, la auto duda, la auto conmiseración y el odio. Estos, a su vez, afectan tu salud, tus relaciones y tu vida. 

Richard Bandler y Owen Fitzpatrick.

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